jueves, 4 de marzo de 2010

Carta de la Tierra

...cuando la irracionalidad se apodera de nosotros, no podemos hacer otra cosa nada más que pegarnos una 9 mm en la sien y apretar el gatillo...

¿Qué estamos haciendo? El escenario sobre el que pisamos se está derrumbando, está cediendo bajo nuestros pies, nos estamos suicidando lentamente. Y no es más que nuestro propio suicidio, sino la provocación de la muerte ajena, su asesinato masificado.
De acuerdo, el ser humano tiene ganas de ser eutanasidao, pero ¿y las demás especies?.

Compramos un piso nuevo. En un principio se encuentra vacio, pero nos sirve para protegernos, para poder vivir... Tiempo después comenzamos a amueblarlo, tenemos una cama donde dormir, un aseo para poder cuidar nuestra higiene... pero nos parece poco y comenzamos a sobrecargarlo con utensilios innecesarios.
Las paredes comienzan a agrietarse, el techo, al cual no hemos hecho el más mínimo caso comienza a ceder sobre nosotros, los suelos se levantan, las tuberías se rompen... ¿es este el hogar que nos daba protección y en poco tiempo lo hemos desmoronado todo?, ¿Qué les dejaremos a nuestros hijos?...

Lo mismo pasa con la tierra, nuestro hogar, la que nos da la vida... y también puede quitárnosla.

Hoy la tierra se ha enfadado, nuestra madre está enfurecida por el trato que le hemos dado, llora sin cesar provocando innumerables inundaciones, le tiembla el interior atormentado, se hace vieja y se autodestruye.
Enfadada con nosotros tiene el poder de quitarnos la vida, pero no su culpa, sino que somos nosotros los que estamos suicidándonos, nos provocamos la muerte...
Pero el egoísmo del ser humano es inconmensurable y no quiere irse sólo de este planeta, se lleva por delante la vida de otras especies, esas especies las cuales cree que le pertenecen y han sido y son hechas para su gozo y disfrute. Objetos insensibles que son utilizados a nuestro antojo.

Si quieres suicidarte, ¡aprieta el gatillo!, ¡dispara!, no seas cobarde y te quieras llevar todas las vidas que tienes alrededor para no irte sólo de este mundo.

¡Hazme caso!, no seas injusto con tus hijos, nietos, bisnietos... déjales la casa en condiciones, pues tu vida es un alquiler, un alquiler que durará como mucho, que, ¡90 años!, no tienes derecho a destrozar nuestro hogar, porque no es sólo tuyo, sino que habitamos todos en él. Y no molestes a los otros individuos, sean de una raza u otra, de una especie u otra, porque nuestro hogar es enorme, y, si señor, hay un sitio para todos...menos para los suicidas.

Güina